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En julio del año pasado el régimen castrista se comprometió con la Iglesia católica en liberar a todos los prisioneros condenados en la llamada «Primavera Negra del 2003». Aunque presumendo - nada real - que el gobierno cubano lo hubiera hecho con sana intención, el acto no llegaría a ser completamente justo. Se trata de que en las prisiones cubanas hay muchos hombres desconocidos a la opinión pública por la sencilla, pero cruel razón, de que estos non son intelectuales, ni periodistas; tampoco pertenecen a grupo político alguno. A ellos quizá le ha tocado la peor suerte: cumplen largas e injustas condenas por delitos inexistentes.
En los días que sucedieron al mes de julio del 2010, muchos-unos por la necesidad de creer en un cambio postivo por parte del gobierno; otros, eternos ingenuos creyeron que esta vez la dictadura no se burlaría de intermediarios y altos diplomaticos. Yo por mi parte, jamás esperé de un régimen como el cubano el cumplimiento de lo pactado con el cardenal Ortega, y el gobierno español en el plazo establecido, vencido ya desde hace tres meses, acerca de la liberación incondicional de todos los presos de la primavera Negra.
El gobierno dictatorial de La Habana ha desterrado a 54 de los presos de la Primavera Negra, la mayoría de los cuales acusaba ya un precario estado de salud (la cárcel en Cuba es un verdadero infierno). De acuerdo a lo pactado, quedan siete prisioneros de conciencia que tenían que haber sido liberados antes del 7 de noviembre del 2010, por no haber aceptado como los otros, el destierro. Además de los siete, han sido excarcelados - no liberados, aclaro - otros cinco, los que por no aceptar el destierro tienen que permanecer en sus viviendas, controlados y vigilados por la polica, bajo el concepto de «licencia extrapenal» , que es un permiso especial de permanecer fuera de la prisión por causas excepcionales. Además, la Iglesia Cubana había tratado con el gobierno la excarcelación de un «aguerrido prisionero», que durante 18 años de cautiverio en las cárceles castristas ha demostrado una capacidad de resistencia extraordinaria. Se trata de Rafael Ibarra, presidente del partido ilegal (todas las organizaciones son ilegales en Cuba) «30 de Noviembre», quien fue condenado a 20 años de reclusión por presuntos delitos de violencia contra la seguridad del Estado. Ibarra como los once de la causa del 2003 ha rechazado el destierro, luego de que un emisario del cardenal cubano le sugiriera abandonar el país.
¿Por qué el gobierno cubano mantine en prisión a este grupo, a riesgo de manchar aún más su ya enlodada reputación? Pues porque sabe que los hombres que lo componen - los once más Rafael Ibarra - son personas de probados principios, con capacidad de movilizar y aglutinar prosélitos a su entorno. Ha hecho la dictadura el cálculo que si esos aguerridos se unen a otros como Jorge Luis Pérez Antúnez, Reina Tamayo, Sara Martha Fonseca y a algunos otros, en pocos meses podrían poner en dificultad la seguridad de la gerontocracia al poder.
¿Qué hace la dictadura? Trata de ganar tiempo, mientras tanto, intenta quebrar la resistencia y la salud de estos hombres, (entre los que se encuentran el médico Oscar Elias Biscet, José Daniel Ferrer y otros) y sus familiares.
El canciller español, Miguel A. Moratinos y su presidente, el socialista Zapateros, quisieron presentar a la Unión Europea y el resto del mundo la liberación de los presos políticos cubanos como el resultado de importantes esfuerzos diplomáticos, en lugar de lo que es otra estafa de Castro. Nosotros, los cubanos, crecidos en esa fáfrica de elaborar y vender mercancía política ya putrefacta, no nos hemos dejado tomar de sorpresa por el poco creativo Castro de turno, porque el otro, el ingenioso Saturno (Infidel), nos enseñó a leer sus juegos politicos con reticencia: su letal bumeran.
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