La actitud del gobierno de Zapatero y otras instituciones intrenacionales, de tender la mano al régimen de La Habana, no ayuda a los hermanos Castro, a limpiar su ya enfangada imagen. Lo que deberían hacer es desmontar la maquinaria represiva que los sostiene, esto que a su vez consentiría al Parlamento Europeo y otras organizaciones intentar el diálogo abierto gobierno castrista. A pesar de que varios observadores políticos opinan que esto no es posible, pues significaría el final del castrismo.
Cuando un régimen dictatorial se encuentra en fase terminal pierde no solamente la poca reputación que le queda, también la seguridad en sus propias fuerzas. Asoman entonces, los síntomas de su enfermedad crónica: la falta de creatividad, hasta en los métodos represivos, que otrora fuera el mayor elemento de fuerza. Es el momento de los errores fatales.
El destierro, via España de más de cincuenta presos de la llamada «Primavera Negra», sancionados a penas de hasta 28 años y la excareclación de un pequeón de un pequeño grupo que no aceptó esta humillante condición ha reducido el espacio de maniobra del régimen. La lógica de liberar a cincuenta disidentes y luego procesar a cien, se torna en este momento tarea difícil para la dictadura. Les queda por consiguiente la alternativa de la intimidación a través de los Actos de Repudio, de las amenazas, golpizas y arrestos, y en caso extremos, el proceso a grupos reducidos de dissidentes. No siempre estos métodos logran el resultado deseado, porque lo que hacen es enfangar más la imagen del gobierno ante la mirada de la Opinión Pública.
El 5 de mayo en la ciudad de Santa Clara el disidente Juan Soto García, quien adolescía de problemas de salud fue víctima de una violenta golpiza por parte de agentes de la policía, violencia esta que lo condujo a la muerte a la víctima. Al inicio el gobierno mantuvo silencio, luego como de costumbre, acusó a la disidencia de querer usar el suceso contra el gobierno. Obligando a algunos parientes de la víctima a declarar en contra de quien ha protetstado por el asesinato. La falta de una respuesta justa por parte del régimen ha conducido al premio Sajarov por la libertad de conciencia, Guillermo Fariñas a iniciare la enésima huelga de hambre, para exigir al gobierno que procese a los policías responsables de la muerte del disidente Soto García y detenga la represión contra los opositores.
El 20 de mayo en un hospital de Santiago de Cuba muere el prisionero político Diosdado Rodriguez. Su caso había sido denunciado a la Comisión de DH de las Naciones Unidas y otras organizaciones humanitarias, pues no recibía asistencia médica. Al inicio de la semana en que murió Rodriguez, muore también en La Habana por falta de atención médica, el prisionero Salvador Ferrer. Alexander Suárez, también preso, fue el primero en denunciar telefónicamente lo sucedido. Denuncia Suárez que desde hacía varios días, Ferrer solicitaba la asistencia médica, y que en lugar de asistirlo, lo que habían hecho era golpeado con el pretexto de que el prisionero fingía estar enfermo.
Siguiendo los consejos del Parlamento europeo, de no procesar más por motivos políticos, Raúl Castro en la clausura del VI congreso del Pcc dio luz verde a la intimidación, con todos los métodos al alcance contra el adversario. Inlusive la muerte, si se llega a ser necesario. Es evidente que los carceleros non han entendido todavía la potencialidad de la tecnología y continúan aplicando los viejos métodos de represión, pensando que sus violaciones quedarán como antes detrás de los muros de las cárceles. La cúpula del poder, sin embargo, lo ha entendido, pero para evitar los excesos tiene que dar la orden de no reprimir a los opositores y es precisamente eso, lo que Fariñas con la huelga de hambre exige. Un sacrificio que pocas personas en el mundo son capaces de realizar, pero para evitarlo nosotros todos, incluso el Parlamento Europeo debe tratar de evitar, ejerciendo presiones más eficaces sobre el gobienro de La Habana.
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